Todos esos personajillos intocables por el tiempo o la enfermedad, que van de guays y haciéndose los emos (en su gran mayoría) porque su condición los condena a la marginación el resto de sus días y a ver como sus seres queridos se marchitan y mueren, condenados a una soledad eterna que no les otorga más derecho que aquel de soslayar su hambre bebiendo sangre. Bla bla bla.
Dan asco.
Narrativamente, debo decir que se nota que Kohta Hirano improvisaba sobre las páginas de Hellsing al igual que yo improviso sobre las de Soul Inquisitor Caristo, así que no me meteré con ello, pero tengo que decir que a veces me cuesta seguir el hilo de lo que pasa con las posturas excesivamente barrocas (casí diría que son churriguerescas) y los diálogos de los personajes, que buscan parecer profundos y rebuscados pero no superan la profundidad de un charco en un parque.
También debo decir que el único personaje que me ha parecido decente es Pip Bernadott, un mercenario que de vez en cuando tiene una frase ligeramente épica. Y ya. No rescato nada más. El comienzo me pareció soso, el final me ha dejado igual.
Conclusión: Dejando los vampiros a un lado... Mediocre.
Por otro lado... Qué puto asco de vampiros.
